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El cóndor pasa

104 años de su estreno

Publicado: 2017-12-18

El 19 de diciembre de 1913 se estrenó por primera vez en la ciudad de Lima la zarzuela “El Cóndor pasa”. El acontecimiento tuvo lugar en el Teatro Mazzi ubicado por entonces en la Plaza Italia, en el viejo distrito de Barrios Altos, Lima. Los autores de esta emblemática obra peruana fueron los maestros Daniel Alomía Robles (música) y Julio Baudouin (libreto). 

Según indagaciones realizadas por algunos estudiosos en el tema, se sabe que esta obra tuvo gran éxito desde su estreno logrando mantenerse “en cartelera” por buen tiempo, generando comentarios de admiración en las crónicas y publicaciones especializadas de la época.

Con el transcurrir del tiempo, luego del éxito y del periodo de haberse mantenido en escena, la obra completa fue quedando finalmente en el olvido y nunca más volvió a montarse. No obstante lo señalado y como consecuencia de la apreciable belleza de su contenido musical tanto como literal, algunos de sus fragmentos orquestados permanecieron grabados en la memoria colectiva de los años que siguieron, y de ellos, se destacaron principalmente los que correspondían al Preludio, identificado también como Yaraví (género derivado del qarawi), el pasacalle o danza, y la qachwa (género precursor del huayno) todos ellos, de gran belleza melódica. Los géneros mencionados, aislados ya del contexto general de la obra, siguieron difundiéndose indistintamente por parte de diferentes músicos populares tanto de Perú como de Latinoamérica.

El argumento en su esencia contiene una reflexión crítica contra determinado tipo de prepotencia y soberbia de quienes se sienten con derecho a dominar por sobre la voluntad de otras vidas amparándose en la fuerza de su poder económico. Por otro lado, subyace en su propuesta la indignación humana como acto dignificador, lo mismo que el orgullo por la tierra donde se nace y la necesidad de liberarse de la mala herencia colonial. Todas estas virtudes humanas se afirman en el espíritu tierno y nunca resignado de un joven como Frank, quien encarna la reflexión crítica social de esta zarzuela. No es difícil imaginar que esta obra debe haber significado una propuesta revolucionaria en el tiempo de su estreno (1913). La abierta denuncia social que plantea es contrastable con la realidad de su momento y es casi seguro que ha de haber causado incomodidad a una parte significativa de aquella Lima de comienzos del siglo XIX con una fuerte herencia colonial, pero sobre todo, a una aristocracia que lo que menos hacía era pensar en un Perú con reconocimiento de sus dueños originarios. En estas últimas reflexiones, tal vez se encuentren alguna de las razones por las que luego de su inicial estreno no tuviéramos más noticias de su difusión, así como de ninguna política oficial, hasta nuestros días, que se interesaran por brindarle el sitial y reconocimiento que esta obra merece.

La zarzuela “El cóndor pasa” ha tenido el gran mérito de abrir las páginas de una parte de nuestra historia que ha sido objeto de postergación, de invisibilización, de olvido muchas veces interesado, para mostrarnos las heridas de un Perú que hasta hoy, lamentablemente, arrastra el demérito de no pensar con voz propia en muchos aspectos. La obra pone de manifiesto también la prepotencia de un sistema “oficial” que suele ignorar las voces del interior y que cede ante la imposición de poderes que no toman en cuenta la vida, sino la rentabilidad ciega y el usufructo desmedido que termina por agredir tanto a personas como a nuestra pachamama. Dentro de su belleza musical, dramática y literal, “El cóndor pasa” nos confronta hoy mismo a nuestra propia trágica experiencia de vida como país, vivencia de la que tal vez muy poco o nada hemos aprendido aún, cuando de defender la dignidad y la vida se trata.

Argumento

Los andes de la sierra central de Perú, en la comunidad de Yapaq, ubicada en la región del Cerro de Pasco, es el escenario donde confluyen los acontecimientos. Mr. Mc. King y Mr. Cup son los dueños de una mina donde bajo condiciones de semi esclavitud y al interior de los socavones, cumplen sus duras jornadas de trabajo los comuneros lugareños bajo la mirada, la empuñadura de la pistola y el látigo del patrón. No obstante las condiciones adversas, algunos lugareños creen ser “bendecidos” con la oportunidad de trabajo: la supervivencia se confunde con la injusticia a la que son sometidos. “Frank” es el muchacho que no entiende tanta humillación, él se siente dueño de sus tierras, orgulloso heredero de su historia y del fruto que sus manos producen; identifica a los patrones como invasores y falsos amos de estas tierras. Su espíritu tierno, sensible y con gran sentido crítico, se revela, reflexiona y no se conforma con hacer más ricos a los extranjeros con su trabajo sacrificado. Los verdes campos son rememorados en sus horas de soledad, con nostalgia, como esperanza de un futuro mejor frente a la sequedad de las rocas que día a día es obligado a resquebrajar para sacar el mineral. Pero el joven “Frank” también se siente extraño en su fenotipo, él es notoriamente un “indio con cabellos que brillan como el oro”, pero al mismo tiempo, se muestra orgulloso de haber nacido en los andes que lo cobijaron desde niño. Por otro lado, Higinio, es el mayor de los comuneros, el más antiguo obrero de la mina y esposo de María y madre de Frank. Higinio descubre finalmente que fue engañado toda su vida por María y se venga asesinando al culpable de su orgullo y amor lastimado, al dueño de la mina: Mr. Mc. King.

Enterado de la muerte del patrón, el joven Frank descubre en ese mismo momento que él es en realidad hijo del patrón Mr. Mc. King y de María; María, una campesina que de muy joven fue obligada a ceder al acoso de Mr. Mc. King; la turbación, la impotencia de Frank al descubrir la verdad, se hace incontenible. Mr. Cup, el otro patrón, decide entonces tomar el lugar de Mr. Mc. King, pero Frank, endurecido por las adversidades que sufrió en vida y ante el dolor de la verdad oculta durante tanto tiempo, se rebela y con sus propias manos también da muerte a Mr. Cup. Librarse del yugo explotador de los dueños de la mina, del maltrato de los invasores, de la oscuridad del socavón que destruye las entrañas de la madre tierra y la vida de los comuneros, se constituye entonces en un acto redentor, de esperanza, en una especie de descarga de la impotencia contenida, de dignificación de la conciencia por siglos coaccionada. Finalmente, como signo de liberación y después de mucho tiempo, un cóndor vuela por los inalcanzables y ahora despejados cielos del Cerro de Pasco, en señal de justicia y libertad. Un extraño ambiente de regocijo y esperanza se apodera entonces de la geografía como señal de nuevos tiempos; los comuneros sienten ahora (ya sin patrones) que podrán forjar una nueva vida. Los falsos dueños de estas tierras ya no mandan más, los "indios" sienten que pueden respirar hondo y mirando al cielo exclaman cargados de emoción a una sola voz: “¡Todos somos cóndores... todos somos cóndores!”

Reconocimientos

Luego de cien años de su estreno (2013) y gracias a una iniciativa esencialmente de carácter personal, la zarzuela El cóndor pasa vio la luz nuevamente y fue puesta en escena los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2013 en el teatro de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima. Los encargados de llevar adelante esta temeraria y encomiable tarea, fueron los señores: Mario Cerrón Fetta, principal gestor e impulsor de este proyecto y persona en quien reconocemos su indesmayable empeño para este reestreno y el músico Luis Alberto Salazar Mejía, reconocido cultor de nuestra música tradicional e investigador quien tuvo entre sus responsabilidades la recopilación de información tanto histórica como musicológica.

Demás está decir que, oficialmente, ni desde el Estado peruano, ni desde ninguna institución educativa, tanto del ámbito público como privado, se hizo nada trascendente para conmemorar el centenario del nacimiento de EL CÓNDOR PASA, tal vez la obra musical peruana más representativa de nuestro país a nivel mundial.

Hoy, a 104 años del estreno de la zarzuela El cóndor pasa (1913-2017), afirmamos el orgullo por la belleza de esta obra y seguimos esperando el vuelo de ese cóndor que nos hable de la dignidad, de la justicia, de la libertad en su más humano sentido.


Escrito por

Jinresocialarte

Hijo de padres, abuelos y bisabuelos Cajamarquinos, bella tierra norteña que llevo en la mente y el corazón, junto a la patria toda.


Publicado en

Jinre

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